Os levantáis de la cama y dais por sentado que estáis despiertos. Pero la mayoría, una inmensa y aplastante mayoría, o prácticamente la totalidad de los seres humanos… no despertáis nunca. ¿Por qué sino ibais a hacer tooodo eso que hacéis?
Vosotros, en vuestra somnolencia inconsciente, habláis de abrir la mente. Habláis de abriros a los demás. Reivindicáis el abrazo a todo y a todos como método de entendimiento y consagración a la vida. Pero a la vez enarboláis banderas contra las banderas.
A día de hoy no sé exactamente a qué responde ese letargo que casi podría decirse que os caracteriza. Porque sí, os caracteriza a todos, incluso a aquellos que consideráis chorradas todas esas mierdas de abrir la mente y aceptar aquello que claramente atenta contra vuestros intereses; y es que basta con que el interés sea el adecuado para que todas esas mierdas pasen a tener sentido. Pero como digo, no sé por qué sois así. No obstante el motivo real o deducible, hoy por hoy no tiene mucha relevancia. No importa por qué sois así. Lo que importa es que si sois así… no sois de la forma, manera, configuración, formato, estructura, proceder, etc… que deberíais ser.
Hacedme caso. Yo estoy despierto. Y soy consciente de que dirigirme a vosotros es una incongruencia manifiesta… pero es que todavía no tengo claro si se os puede despertar o no; no sé si «los despiertos» somos una cosa y «los dormidos» sois otra. Sois demasiado… bueno, sois demasiados.
¿Te has preguntado alguna vez por qué a veces, los demás, parecen tener más derecho que tú a caminar por la calle? ¿Sueles ser tú quien se aparta? Tal vez estés despierto. O despertando.