Piel de plátano

¿Alguna vez habéis visto a alguien tirar una piel de plátano a la calle? O si no habéis visto a nadie tirarla, seguro que sí habéis visto una ya tirada en el suelo. O una lata. O una lata en una ventana. O al pie de una papelera. O encima de un contenedor de basura. O encajada entre el retrovisor y el marco de la puerta de un coche. O justo delante de la rueda del coche. O en el techo del coche. O en equilibrio en el saliente del dibujo de una fachada. O en el bordillo, de pie, justo al lado de la calzada. No me digáis que no porque estaríais mintiendo. Pero la cosa no es que mintáis. La cosa no es que finjáis no ver todas esas cosas. La cosa es que para poder fingir eso, el proceso cerebral al que os sometéis es el mismo que usaría alguien que quisiera «lobotomizaros». Dicho de otro modo, hacerse el loco tiene consecuencias. Una de ellas es que al final conseguiréis ser felices.

Hoy todo se vende. Todo. Ir por la calle hablando con un amigo, se vende. Y como todo se vende, todo está expuesto. Cómo te sientas en la terraza de una bar. Con quién. Qué pides. Todo está en el escaparate social. De hecho, siempre lo ha estado. Pero hoy, la famosa ley de la oferta y la demanda combinada con el hecho de que absolutamente todo bicho viviente se ha convertido en tendero, ha ocasionado que, a modo de grito sordo y emulando el famoso «vendo malacatone», la peña esté permanentemente paseando por un centro comercial tipo rastrillo donde vender y comprar al trepidante ritmo de la bolsa; haciendo de la vida una continua transacción económico-vital. Estar en el mercado hoy no significa estar disponible y de suficiente buen ver como para poder aspirar a ser comprado o vendido, según la perspectiva, con el objetivo ya anticuado de formar una familia. Hoy simplemente te vendes cada segundo y te compran a cada paso mediante minúsculas transacciones que generan una riqueza social intangible pero que es ni más ni menos la energía que mueve la economía real, la de toda la vida. Y nuevamente afirmo que esto también siempre ha sido así. Todo siempre ha sido como es. La única y totalmente trascendental diferencia, es la cantidad. La conexión o conectividad de todo y de todos con todo y con todos. El mercado es la puta hostia de grande. ¿La ruta de la seda? Pues ahí lo tienes.


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